DEFINICIÓN
La osteoartrosis (OA) o artrosis es un grupo heterogéneo de patologías con manifestaciones clínicas
similares y cambios patológicos y radiológicos comunes. La artrosis es el resultado de factores mecánicos
y biológicos que desestabilizan el acoplamiento normal
entre la degradación y la síntesis por los condrocitos de
la matriz extracelular del cartílago articular y del hueso
subcondral. La artrosis puede ser iniciada por múltiples
factores entre los que se incluyen factores genéticos,
ambientales, metabólicos y traumáticos.
PREVALENCIA
Se ha estimado que 1/3 de los individuos mayores
de 35 años presentan algún signo de artrosis, con una
prevalencia que aumenta con la edad. En la población
general española la prevalencia de la artrosis en cualquier articulación es del 24%. La artrosis de manos y
rodillas es más común en mujeres, mientras que la
prevalencia de la artrosis de cadera es similar en
ambos sexos. En España la prevalencia de la artrosis
de manos en las mujeres es del 9,3% y en los hombres del 2,4%. En los mayores de 50 años, estas cifras
ascienden al 20% en las mujeres y al 6% en los hombres. Las mujeres de edades entre 70 y 89 años desarrollan artrosis de rodilla sintomática aproximadamente 1% por año.

FACTORES DE RIESGO
Dependiendo de la articulación afectada, los factores son distintos, y se puede diferenciar entre una susceptibilidad generalizada, como la edad, osteoporosis,
herencia y sexo, y los factores locales de la articulación, como traumatismos, alteraciones anatómicas de
la articulación y la ocupación laboral que tuviera el
paciente.
Obesidad. Son numerosos los estudios que defienden la relación entre obesidad y artrosis de rodilla. Sin embargo,
no se conocen todavía los mecanismos por los que la
obesidad podría favorecer la aparición de artrosis.
Existen al menos tres teorías: la hipótesis más aceptada es que el sobrepeso aumenta la presión realizada
sobre una articulación, y esto puede inducir la rotura
del cartílago, pero esta teoría no explicaría la probable
relación entre obesidad y OA de manos.
Ocupación y actividad. Se ha demostrado, asimismo, la asociación de la
artrosis de rodilla con el trabajo que exige prolongadas
y repetidas flexiones de esta articulación.
Densidad mineral ósea. Se ha observado que los pacientes con mayor densidad mineral ósea tienen un riesgo más elevado de
padecer artrosis. Por ello, se ha postulado que una
masa ósea reducida puede incrementar la capacidad
ósea de absorción de las vibraciones del hueso yuxtaarticular y proteger así al cartílago articular.
Sexo. No sólo su incidencia es mayor en la población
femenina, sino que también es más intensa y afecta a
más articulaciones. El patrón topográfico muestra
diferencias, ya que en hombres es más frecuente la
afectación de las metacarpofalángicas y la cadera, y
en mujeres, las interfalángicas distales y las rodillas.
Edad. Se ha encontrado un marcado incremento en la frecuencia de artrosis grave en la edad avanzada. La
correlación no es lineal, y el incremento es exponencial
a partir de los 50 años. El mecanismo que provoca la
asociación entre el envejecimiento y la artrosis es poco
conocido. Entre los posibles factores, se incluyen
pequeños cambios anatómicos de las articulaciones y
alteraciones biomecánicas o bioquímicas en el cartílago articular que comprometen las propiedades mecánicas del cartílago.
Factores nutricionales. Existen pruebas de que los condrocitos producen
diversos radicales de oxígeno y que el deterioro oxidativo puede ser relevante. Por este motivo se postula
que moléculas antioxidantes, como las vitaminas C, E
y D, son beneficiosas en la artrosis.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
Dolor. El dolor es el síntoma más frecuente y se localiza en
la articulación afectada. Inicialmente el dolor se desencadena con el uso de la articulación, mejorando con el
reposo. A medida que progresa la enfermedad, el
dolor es más continuo, apareciendo en reposo e incluso por la noche interfiriendo con el sueño. No existe
siempre una correlación entre la intensidad del dolor y
el grado de daño estructural articular; la correlación
más estrecha es en la artrosis de cadera seguida de la rodilla, siendo peor en la mano y en las apófisis espinosas de la columna.
El origen del dolor en los pacientes con artrosis es multifactorial, dependiendo tanto
de estructuras articulares como periarticulares. Entre
las causas del dolor están:
— Incremento en la presión intraósea secundario a
una obstrucción intravenosa.
— Estiramiento periostal secundario a la formación
de osteofitos.
— Microfracturas subcondrales.
— Hipertrofia sinovial que origina inflamación.
— Distensión capsular, distensiones ligamentosas
y contracturas musculares.
Rigidez articular. La rigidez es otro de los síntomas característicos de
la artrosis; aparece después de un período de inactividad y puede existir también rigidez matutina. La duración de la rigidez es siempre corta en el tiempo, esto
la diferencia de la rigidez de las enfermedades inflamatorias. En la artrosis de rodilla, por ejemplo, es
menor de 30 minutos.
Incapacidad funcional.
La incapacidad funcional es una consecuencia
importante de la artrosis, hasta el punto de que es la
principal causa de incapacidad en ancianos.
EXPLORACIÓN FÍSICA
La crepitación ósea al movimiento activo y pasivo
de la articulación es un signo característico; se aprecia
en todo el rango de movimiento de la articulación.
Puede existir dolor con la presión a lo largo de toda la
línea articular y periarticular. Es frecuente encontrarse
una disminución del rango de movimiento articular.
Puede encontrarse, en ocasiones, un incremento de
temperatura en la articulación afectada con diversos
grados de derrame articular. En los casos en los que
la OA está muy avanzada, existe deformidad, aunque
es infrecuente encontrar inestabilidad articular. En
estadios avanzados puede existir atrofia muscular
periarticular debido al desuso o a una inhibición refleja
de la contracción muscular.
CLASIFICACIÓN Y DIAGNÓSTICO
El diagnóstico y la graduación de la intensidad de la
artrosis se realiza normalmente a partir de los datos
clínicos y la imagen radiológica. El primer paso para el diagnóstico es saber si la
clínica que presenta el paciente es debida a la
artrosis de esa articulación o a otras causas. El siguiente paso es diferenciar entre pacientes
que presentan una artrosis primaria (idiopática)
y aquellos que se identifican con la artrosis
secundaria a otras enfermedades.
El tercer paso es confirmar que los pacientes
cumplen los criterios clínicos para la artrosis
como son los propuestos por el Colegio Americano de Reumatología. Estos criterios
sirven para orientar en casos dudosos y para
homogeneizar las poblaciones de pacientes.
TRATAMIENTO
Gran parte del éxito del tratamiento de la artrosis
radica en su correcto diagnóstico, es decir, en descartar acertadamente otras posibles causas de dolor
o patologías asociadas a la artrosis.
Debe ser individualizado y ajustarse a la articulación
afectada. Los objetivos del tratamiento de la artrosis
son:
— Controlar la sintomatología.
— Mantener la función articular.
— Reducir al máximo la progresión de la artrosis.
De acuerdo a estos objetivos, el tratamiento de la
artrosis se puede clasificar en dos grandes grupos
terapéuticos:
— Tratamientos modificadores del síntoma, que
son aquellas opciones terapéuticas (farmacológicas o no) que reducen la sintomatología (el
dolor) del paciente.
— Tratamientos modificadores de estructura, que
son aquellas opciones terapéuticas capaces de
reducir, frenar o revertir la destrucción del cartílago articular.
El tratamiento farmacológico de la OA se divide en
dos grupos:
a) fármacos modificadores de síntomas,
dirigidos a controlar el dolor, y
b) fármacos modificadores de estructura, dirigidos a preservar el cartílago articular y frenar la evolución de la enfermedad.
Fármacos modificadores de los síntomas. En este grupo se incluyen los fármacos modificadores de síntomas de acción rápida, como los analgésicos y los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), y fármacos modificadores de síntomas de acción lenta, los
llamados SYSADOA (Symtomatic Slow Action Drugs
for Osteoarthritis).
Analgésicos. Si para controlar el dolor es necesario emplear fármacos, el primero recomendado es el paracetamol a
dosis de 2-4 g/día. Éste ha demostrado ser un fármaco eficaz, pues controla el dolor en el 40% de los
pacientes. Además, es un fármaco seguro.
Los analgésicos opiáceos débiles (tramadol y codeína) son fármacos eficaces y seguros en el paciente
artrósico, siempre y cuando se vigilen estrechamente
los efectos secundarios en los ancianos. Se pueden
utilizar solos o asociados a paracetamol. Cuando con
lo anterior no es suficiente para evitar que el paciente
anciano se inmovilice por el dolor, se puede recomendar la utilización de analgésicos opioides mayores,
como el fentanilo transdérmico.
Antiinflamatorios no esteroideos (AINE). Recomendados en los pacientes que no responden
al manejo no farmacológico ni a los analgésicos (paracetamol u opioides débiles). Se recomienda empezar
con dosis analgésicas, y si no es suficiente se pasa a
dosis antiinflamatorias. El tratamiento con AINES está
indicado desde el principio si existen datos de inflamación articular, principalmente derrame sinovial. Por
el riesgo elevado de gastropatía asociada a AINES se
debe combinar con gastroprotección con un inhibidor
de la bomba de protones. El tratamiento con inhibidores de la COX -2 tiene el beneficio de tener menos
riesgo de gastropatía, pero aumenta el riesgo cardiovascular, por lo que se deben usar con precaución en
ancianos y a dosis bajas.
La aplicación de cremas o geles con AINE (o con
capasicina) es también una alternativa que ha demostrado ser eficaz, principalmente en la artrosis de rodilla. Se recomiendan como tratamiento complementario al resto del arsenal terapéutico.
BIBLIOGRAFÍA
1. Blanco-García FJ, Hernández Royo A, Trigueros JA,
Gimeno Marques A, Fernández Portal L, Badia Llach X.
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Madrid: Editorial You&US; 2003.
2. EULAR recommendations for the management of knee
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